martes, 1 de noviembre de 2011

No todos observamos lo mismo. Los malditos

Todos tenemos un grado de malditos...
pero hay malditos que les agrada serlo ...
esos son los peligrosos

Es cierto Natita,

una vez que concluya nuestra tarea en la tierra
no todos observaremos lo mismo.

Muchos verán como sus sueños hicieron soñar a otros,
muchos verán como el fuego de su amor 
encendió a muchos corazones.
No hay que ser un gran héroe para lograr esto,
simplemente poner todos los talentos 
que Dios te ha dado al servicio de un realidad mejor.

No todos observaremos lo mismo,
imagina la mirada de los grandes tiranos de la humanidad.
Imagina el rostro de los torturadores, 
de los cegadores de la vida de sus hermanos.

Pero en este cierre del milenio también están los asesinos, 
los que anularon a sus hermanos 
y diseminaron sus huesos entre nauseas y cloacas. 

Están los asesinos admirando sus campos del dolor concentrado, 
los de la plaza de  tiananmen, los de Pisagua, 
los inventores y vendedores de las bombas de racimo, 
los ambiciosos que hicieron fortuna engañando a deudores pobres. 

Están los mercaderes que se dedicaron a vender todo
sin pensar en la fila de humanos que estaban tras ellos.
Está el Señor Horst Paulmann kemna
es un gran mercader que tiene una sed ilimitada 
por tener y lograr llenar su granero infinitamente.
¿Pero ha intentado compartir esas enormes utilidades
con sus trabajadores que son quienes le entregan su riqueza?
El fue el primero en despedir a 4.000 obreros 
que le levantaban su torre (la más grande de américa del sur),
cuando recién empezaba la crisis hace unos años atrás...
¿Podría haberlos mantenido y pasar el temporal con ellos?
Podía, pero eso atentaba contra las metas de ampliar su riqueza.

¿Qué es la riqueza sino se comparte?
¿Qué es una empresa sino tiene una mirada solidaria?
¿Qué dirá la historia Horst de tu sentido social?
¿Será algo parecido cuando vemos las pirámides de Egipto
y las admiramos olvidando que necesitaron de miles de esclavos?

Ciertamente no todos podremos decir 
al finalizar nuestra ruta que con esfuerzo hemos cumplido, 
que hemos servido en la dignificación de la vida en esta tierra. 

¿Qué huella dejaremos para que algunos nos sigan?

(Texto tomado del Libro: Exodo de inicio de milenio)


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