martes, 1 de noviembre de 2011

No todos observamos lo mismo. Los benditos


Bendito es quien trae paz a la tierra

Es verdad Natita,
no todos observamos lo mismo.

Algunos al terminar su ciclo laboral 
o al llegar a la silente hora de su muerte,
miran lo  que han construido: 
grandes obras, empresas, inventos, construcciones, imperios.

¿Qué hace finalmente grande la vida humana?
¿Los imperios y los grandes negocios?

Allí está la gran mirada de los descubridores, 
los que sanaron a la humanidad, 
los que nos dieron mayor calidad de vida, 
los que supieron dar incluso hasta el dolor.

Algunos al morir ven como las semillas que plantaron
están dando frutos y bienes para otros que nunca imaginaron.

¿Ves a tu abuelita Carmen cómo educó a seis hijos hoy profesionales
en la pobreza y la soledad de un matrimonio frustrado?
¿Cómo no va a ser hermosa su mirada si con su trabajo
levantó una familia que hoy son más de treinta?
¿Cuántas mujeres en casas pobres 
viven la riqueza del amor a toda prueba?

¿Ves los pies y los sueños de los pioneros, 
sus rutas abiertas, sus espacios nuevos y desafiantes?
Esos hombres y mujeres que llegaron a entregar 
su sangre para regar la semilla que habían plantado?

También miran los obreros, 
quienes lucharon hasta la muerte por justicia laboral y distributiva, 
son los dirigentes que entregaron su vida por sus ideales.

Están las manos de los pintores 
que retraron la vida y la muerte, 
la belleza y la esperanza, 
la hermosura y misterio de la vida en sus cuadros.

Están las manos de los educadores, de los enfermeros,
de los carpinteros, de los jardineros, de los jóvenes,
de los sacerdotes santos, de los políticos honestos...
benditas manos que han traído tanto bien a la tierra.

Ciertamente no todos podremos decir 
al finalizar nuestra ruta que con esfuerzo hemos cumplido, 
que hemos servido en la dignificación de la vida en esta tierra. 

Por otra parte están los perdidos, los egoístas 
que cultivaron su jardín y luego lo alambraron ... 
malditas rejas y candados que han logrado cercar 
hasta el mínimo afecto que debemos al que está al lado nuestro.


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